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Historia y tradición

Orígenes comarcales

Los orígenes de los asentamientos humanos en la comarca de la Sierra de Guadarrama se remontan al neolítico, existiendo yacimientos
arqueológicos que así lo atestiguan, especialmente en Manzanares El Real.

Estos primeros pobladores vivían en cuevas y riscos, y se dedicaban fundamentalmente al pastoreo. Algunos estudiosos afirman que pertenecían a la tribu de los Carpetanos, de ahí el nombre que tomó esta sierra durante mucho tiempo: Montes Carpetanos.

Existen vestigios de civilizaciones posteriores, como romanos, visigodos y musulmanes, de estos últimos procede el nombre de “Guadarrama” del término árabe: Uad-Er-Ramel, que significa “río de las arenas”.

Es en la Reconquista, a partir del siglo X, cuando la comarca adquirió relevancia y protagonizó un patente desarrollo económico. A estas tierras llegaron pobladores de la meseta norte, fundamentalmente pastores segovianos, atraídos por los ricos pastos y la abundancia de agua. Al ser una tierra fronteriza, fueron frecuentes, durante más de tres siglos, los enfrentamientos entre Madrid y Segovia por hacerse con la propiedad de la comarca. Para dirimir estas disputas el rey Alfonso X El Sabio creó una figura territorial, El Real de Manzanares, que englobaba Manzanares El Real y 19 pueblos más. Sin embargo, al llegar al trono el rey Sancho IV, cedió este territorio a los segovianos.

Las disputas continuaron hasta que el rey Juan I, en el siglo XIV, cedió estos territorios a la familia Mendoza a modo de mayorazgo feudal. Así esta familia de nobles poseyó estas tierras hasta la disolución de El Real de Manzanares, en el siglo XVI, con la cesión del título de Villa a la mayoría de las poblaciones que pertenecían a este mayorazgo.

El traslado de la Corte de Felipe II de Valladolid a Madrid, supuso un importante impulso social e industrial para la comarca.

Oficios tradicionales y el paisaje

Los oficios tradicionales han estado ligados a los recursos existentes en la comarca: pastos, granito, bosques y agua. Estos oficios han influido notablemente en la configuración del paisaje serrano.

Esta es una comarca de espacios forestales de gran importancia socioeconómica y ecológica. Así, el tapiz vegetal de la Sierra de Guadarrama ha sido aprovechado y transformado por el hombre en función de sus necesidades a través de las actividades agroganaderas y su aprovechamiento forestal.

Durante siglos, los terrenos forestales fueron utilizados para obtener madera y carbón, mientras que hoy día se dedican al aprovechamiento ganadero y cinegético. En las zonas en las que existía una mayor actividad ganadera se configuraron espacios
como pastizales, dehesas y pastaderos en las altas cumbres, espacios menos arbolados en contraste con las zonas de aprovechamiento forestal, mucho más densas y pobladas de árboles.

Todos los pueblos tenían desde sus orígenes, espacios próximos destinados a la actividad agrícola, pequeños huertos, linares, labradíos y centeneras, para la alimentación tanto familiar como del ganado de labor. Apenas se conserva una representación mínima de estos
espacios.

A la vez, la constitución granítica de amplias áreas de la Sierra posibilitó el desarrollo de la cantería, mayoritariamente en explotaciones
de granito. Encontramos vestigios de esta actividad en los alrededores de casi todos los municipios.

Por último, existen numerosos oficios ligados al agua, como la explotación de los neveros, las mujeres lavanderas profesionales o los molinos harineros; oficios todos ellos representativos en muchos municipios de la comarca.

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